Soy incapaz de ver el fondo del cielo, porque soy incapaz de ver el fondo de mí mismo. Es el símbolo de mi propia infinitud.
Henry David Thoreau. Todo lo bueno es libre y salvaje
Frases y fragmentos de libros que te harán pensar
Soy incapaz de ver el fondo del cielo, porque soy incapaz de ver el fondo de mí mismo. Es el símbolo de mi propia infinitud.
Henry David Thoreau. Todo lo bueno es libre y salvaje
Aunque sea doloroso y no sepas exactamente cuándo has acabado una cierta experiencia, sientes que algo te impulsa hacia fuera. He tenido que irme de varios hogares. Cuando un determinado ciclo termina, hasta la misma casa muere. Creo que las casas son el reflejo de donde estamos en ese momento.
Anaïs Nin. Ser mujer
También podemos entender, a partir de estas últimas consideraciones, cómo la iniciación, tomando la profesión como “soporte”, tendrá al mismo tiempo, e inversamente en cierto modo, una repercusión en el ejercicio de esta profesión. El ser, en efecto, habiendo realizado plenamente las posibilidades de las que su actividad profesional no es más que una expresión externa, y poseyendo así el conocimiento efectivo de lo que es el principio mismo de esta actividad, realizará en adelante conscientemente lo que al principio no era más que una consecuencia “instintiva” de su naturaleza; y así, si el conocimiento iniciático nace para él de la profesión, ésta, a su vez, se convertirá en el campo de aplicación de este conocimiento, del que ya no podrá separarse. Habrá entonces una perfecta correspondencia entre el interior y el exterior, y la obra producida ya no será simplemente la expresión en cierto grado y de manera más o menos superficial, sino la expresión verdaderamente adecuada de la persona que la concibió y ejecutó, lo que constituirá una “obra maestra” en el verdadero sentido de la palabra.
René Guénon. El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos
Si el oficio es algo propio del hombre, y una manifestación o expansión de su propia naturaleza, es fácil comprender que pueda servir de base a una iniciación, e incluso que sea, en el caso general, lo más adecuado para este fin. En efecto, si el objetivo de la iniciación es esencialmente ir más allá de las posibilidades del individuo humano, no es menos cierto que solo puede tomar como punto de partida a este individuo tal como es, pero, por supuesto, tomándolo en cierto modo por su lado superior, es decir, apoyándose en lo que hay en él más propiamente cualitativo. De ahí la diversidad de vías iniciáticas, es decir, en definitiva, los medios utilizados como “soportes”, conforme a la diferencia de las naturalezas individuales, interviniendo esta diferencia tanto menos, por otra parte, cuanto más avanza el ser en su camino y se acerca así a la meta que es la misma para todos.
Los medios así empleados sólo pueden ser eficaces si corresponden realmente a la naturaleza misma de los seres a los que se aplican; y como es necesario proceder de lo más accesible a lo menos accesible, de lo exterior a lo interior, es normal tomarlos de la actividad por la que esta naturaleza se manifiesta en el exterior. Pero sobra decir que esta actividad sólo puede desempeñar tal papel en la medida en que traduce efectivamente la naturaleza interior; se trata, pues, de una verdadera cuestión de “cualificación”, en el sentido iniciático del término; y en condiciones normales, esta “cualificación” debería exigirse para el ejercicio de la propia profesión.
Esto concierne al mismo tiempo a la diferencia fundamental entre la enseñanza iniciática, e incluso más generalmente toda la enseñanza tradicional, y la enseñanza profana. Lo meramente “aprendido” del exterior no tiene aquí ningún valor, sea cual sea la cantidad de las nociones así acumuladas (pues también en esto se manifiesta claramente el carácter cuantitativo del “conocimiento” secular); de lo que se trata es del “despertar” de las posibilidades latentes que el ser lleva en sí mismo (y éste es, en esencia, el verdadero sentido de la “reminiscencia” platónica).
René Guénon. El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos
Todo lo que el cuerpo puede hacer es potencialmente agradable, aunque hay mucha gente que ignora esta capacidad y usa su físico tan poco como le es posible, dejando inexplorada su capacidad para proveer flujo. Los sentidos nos dan una información caótica cuando no los educamos; un cuerpo no entrenado se mueve de forma desgarbada y torpe; un ojo insensible no está interesado en lo que ve, o lo ve todo feo; la oreja que no tiene educación musical oye ruidos que la molestan, y un paladar basto sólo paladea gustos insípidos. Si dejamos que las funciones del cuerpo se atrofien, la calidad de vida llega a convertirse en meramente la adecuada, y para algunos incluso disminuye. Pero si uno toma conciencia de lo que el cuerpo puede hacer y aprende a imponer orden sobre sus sensaciones físicas, la entropía cede el paso a una armonía agradable en la conciencia.
Mihaly Csikszentmihalyi. Fluir: una psicología de la felicidad
Si nos comparamos con las personas que vivieron solo hace unas generaciones, tenemos oportunidades mucho mayores de disfrutar de un buen rato, aunque no hay indicios de que realmente disfrutemos de la vida más que nuestros antepasados. Tener oportunidades no es suficiente. También necesitamos de las habilidades para utilizarlas. Necesitamos saber cómo controlar la conciencia (una habilidad que la mayoría de gente no ha aprendido a cultivar). Estamos rodeados por una inaudita gama de artefactos recreativos y de posibilidades de ocio, pero la mayoría de nosotros nos sentimos aburridos y vagamente frustrados.
Mihaly Csikszentmihalyi. Fluir: una psicología de la felicidad
Cualquier actividad que transforma la manera en que percibimos la realidad es capaz de hacernos disfrutar; un hecho que explica la atracción que sentimos hacia las drogas de todas clases que “expanden la conciencia”, desde las setas mágicas al alcohol o a la actual caja de Pandora de los productos químicos alucinógenos. Pero la conciencia no puede expandirse, todo lo que podemos hacer es modificar sus contenidos, lo que nos da la impresión de haber logrado ensancharla de algún modo. Sin embargo, el precio de la mayoría de alteraciones artificialmente inducidas es la pérdida del control sobre la conciencia que quisimos expandir.
Mihaly Csikszentmihalyi. Fluir: una psicología de la felicidad
Los adolescentes, cuya frágil personalidad en evolución sufre amenaza tras amenaza en rápida sucesión a lo largo del día, dependen especialmente del modelo apaciguador del sonido para restaurar el orden en su conciencia. Pero también lo hacen muchos adultos. Un policía nos contó: «si después de una jornada haciendo arrestos y preocupado por si me darán tiro, no pudiese encender la radio en el automóvil cuando voy de regreso a casa, probablemente me volvería loco».
Mihaly Csikszentmihalyi. Fluir: una psicología de la felicidad
En el flujo, una persona siente el desafío de hacerlo lo mejor posible y debe mejorar constantemente sus habilidades. En ese momento no tiene la oportunidad de reflexionar sobre qué es lo que esto significa en términos de su personalidad (y si se permitiera sentirse autoconsciente, la experiencia no sería muy profunda). Pero después, cuando la actividad ha finalizado y la autoconciencia tiene la oportunidad de volver, la personalidad de este individuo que ahora está reflexionando no es la misma que existió antes de la experiencia de flujo; ahora está enriquecida por habilidades y logros nuevos.
Mihaly Csikszentmihalyi. Fluir: una psicología de la felicidad
Lo que se halla por debajo del umbral de la conciencia es el concepto de personalidad, la información que usamos para representarnos a nosotros mismos quiénes somos. Y ser capaces de olvidarnos temporalmente de quiénes somos parece ser muy agradable. Cuando no estamos preocupados por nuestras personalidades, realmente tenemos la oportunidad de expandir el concepto de quiénes somos. La pérdida de auto-conciencia puede llevar a la transcendencia, un sentimiento de que se han sobrepasado los límites de nuestro yo.
Mihaly Csikszentmihalyi. Fluir: una psicología de la felicidad