El sabio encuentra motivos para ser feliz con todo; el ignorante no se satisface con nada.
Jacobo Gringberg Zylberbaum. Fluir en el sin yo
Frases y fragmentos de libros que te harán pensar
El sabio encuentra motivos para ser feliz con todo; el ignorante no se satisface con nada.
Jacobo Gringberg Zylberbaum. Fluir en el sin yo
El conocimiento de un grano de trigo, con todas sus evocaciones, nos daría el conocimiento pleno del Universo. Un conocimiento mucho más ingenuo, mucho más claro, mucho más inocente que la mirada de un niño.
Ramón María del Valle-Inclán. La lámpara maravillosa
El conocimiento es en sí mismo nuestra propia redención.
Azriel de Gerona
Soy una cosa que piensa, es decir, que duda, afirma, niega, conoce unas pocas cosas, ignora otras muchas, ama, odia, quiere, no quiere, y que también imagina y siente, pues, como he observado más arriba, aunque lo que siento e imagino acaso no sea nada fuera de mí y en sí mismo, con todo estoy seguro de que esos modos de pensar residen y se hallan en mí, sin duda. Y con lo poco que acabo de decir, creo haber enumerado todo lo que sé de cierto, o, al menos, todo lo que he advertido saber hasta aquí.
René Descartes. Meditaciones metafísicas
El polvo sobre los estantes ha llegado a ser tan misterioso como los astros más distantes; sabemos lo suficiente de ambos para saber que no sabemos nada. El físico Eddington está muy próximo a los místicos, no por los vuelos más airosos de su fantasía, sino cuando dice sencillamente: «Algo desconocido está haciendo no sabemos qué». En semejante confesión el pensamiento ha trazado el círculo completo, y volvemos a ser como niños.
Alan Watts. La Sabiduría de la inseguridad
La sabiduría de los antiguos era perfecta. ¿Hasta qué punto? En principio, ellos no sabían que existían cosas. Esta es la más perfecta sabiduría; nada puede agregarse. Luego, supieron que había cosas, pero sin embargo no hicieron distinciones entre ellas. Después hicieron distinciones entre ellas pero no emitieron juicios sobre ellas. Cuando se emitieron juicios, el Tao fue destruido.
Chuang-tzu
El intelecto quiere saber; al alma le gusta que la sorprendan. El intelecto, que mira hacia fuera, desea la ilustración y el placer de un ardiente entusiasmo. El alma, siempre recogida en su interior, busca la contemplación y la vivencia, más sombría y misteriosa, del mundo subterráneo.
Thomas Moore. El cuidado del alma
Se trata de establecer si vemos lo que conocemos, o bien si conocemos lo que vemos. La inmensa mayoría de los seres humanos solo ve lo que ya conoce. Esto es, reduce lo nuevo que ve a esquemas, conceptos, imágenes y modelos explicativos ya establecidos y experienciados. Son muy pocos, porque es verdaderamente difícil, aquellos que se dan a la tarea de conocer aquello que ven.
Carlos Eduardo Maldonado Castañeda. Turbulencias y otras complejidades
Tan cierto es que el origen del mal no reside en la ignorancia, como suponía Sócrates, sino en la imbecilidad como que no se lo supera simplemente con el saber. La akrasia, la debilidad de la voluntad, inexplicable sobre la base de la ignorancia (porque una vez que sé que los azúcares engordan, debería dejar de consumirlos), resulta en cambio muy fácil de explicar con la imbecilidad (continúo porque soy un estúpido).
La imbecilidad es ajena al intelectualismo, pues se puede ser un genio del mal y al mismo tiempo imbécil. El intelectualismo afirma que somos malos por ignorancia y que, si fuéramos sabios, seríamos buenos. La doctrina de la caída o del mal originario sostiene que somos malos por naturaleza. Personalmente, sugiero que somos indudablemente malos, no por defecto de cultura ni por exceso de naturaleza, sino simple y llanamente por imbecilidad. En un círculo hermenéutico, no solo queda claro que el mal es consecuencia de la imbecilidad, sino también que la imbecilidad deriva del mal.
Maurizio Ferraris. La imbecilidad es cosa seria
Puedo saber o no saber que el agua es H2O, me mojaré de todas maneras.
Maurizio Ferraris. Manifiesto del nuevo realismo