Simone Weil pensaba que, cuando alguien tiene algo original que decir, al principio no puede ser entendido por nadie, salvo por los que le quieren. Claude Roy ha llevado más lejos la lógica de esta idea: «El escritor se entrega y se libera. Decir que nos gusta su obra es decir que nos gusta el autor. Decir que no nos gusta su obra es hacer a un ser vivo una declaración de enemistad. Por tanto, los escritores son más vulnerables que los ebanistas a las críticas de sus trabajos. Se cree que el juicio recae sobre lo que hacen . Pues no: recae sobre lo que son ».
Simon Leys. La felicidad de los pececillos