La razón quiere decidir lo que es justo; la ira quiere que se tome por justo lo que ella decide.
Séneca. Tratado sobre la ira
Frases y fragmentos de libros que te harán pensar
La razón quiere decidir lo que es justo; la ira quiere que se tome por justo lo que ella decide.
Séneca. Tratado sobre la ira
Los varones honrados se irritarán si se ultraja a los suyos; pero no harán lo mismo si no se les sirve bastante caliente una bebida, si rompen una copa o les salpican de lodo el calzado. Estas iras no las provoca el cariño, sino la debilidad.
Séneca. Tratado sobre la ira
Existen ciertas cosas que en su principio dependen de nosotros; cuando avanzan, nos arrastran por sus propias fuerzas y no permiten retroceso.
Séneca. Tratado sobre la ira
Lo cierto es que la vida que se nos dio no es breve, nosotros hacemos que lo sea; y que no somos pobres, sino pródigos del tiempo; sucediendo lo que a las grandes y reales riquezas, que si llegan a manos de dueños poco cuerdos, se disipan en un instante; y al contrario, las cortas y limitadas, entrando en poder de próvidos administradores, crecen con el uso. Así nuestra edad tiene mucha latitud para los que usaren bien de ella.
Séneca. De la brevedad de la vida
Persuádate, pues, que todo estado es mudable, y que lo que ves en otros puede suceder en ti.
Séneca. De la tranquilidad del ánimo
Amamos a nuestros vicios, y por esto los defendemos y preferimos excusarlos a combatirlos. La Naturaleza ha dado al hombre bastante fuerza, si sabemos usarla, si recogemos nuestras energías y las excitamos a luchar por nosotros, o, por lo menos, no contra nosotros. La falta de voluntad es la causa; la falta de fuerza, el pretexto.
Séneca. Cartas a Lucilio
La turbación de nuestra alma es como la juzgara Lucrecio: Tal como tiemblan los niños y entre las tinieblas todo les da miedo, así nosotros temblamos a plena luz. Pues bien, ¿no son más insensatos que cualquier niño los que andan medrosos a plena luz? Pero Lucrecio es falso. No es que tengamos miedo a plena luz, ya que todo lo hemos convertido en tinieblas.
Séneca. Cartas a Lucilio
No hemos de esforzarnos en vivir mucho, sino en vivir lo bastante; pues para vivir mucho necesitas al destino, pero para vivir plenamente, la sola diligencia del espíritu. Larga es la vida si es plena, la manera de llenarla es que el alma se otorgue lo que es su bien propio y que se asegure el poder sobre ella misma.
Séneca. Cartas a Lucilio
¿ Por qué te admiras de que los viajes no te aprovechan para nada si por todas partes vas contigo mismo? Va en pos de ti la misma causa que te empujaba a marcharte. ¿De qué puede servir la novedad de las tierras, el conocimiento de ciudades y países? Todos estos cambios son en vano. ¿Me preguntas por qué no has hallado consuelo en tu huida? Porque escapaste contigo mismo. Es el peso del alma lo que precisas abandonar; sin haber hecho esto no encontrarás agradable ningún lugar.
Séneca. Cartas a Lucilio
Yo siento, en verdad, gran aversión hacia ese tipo de persona calamitosa; cuando me quiero divertir con un tonto, no he de andar muy lejos: me río de mí mismo. Esa mujer de que te hablo perdió súbitamente la vista, y te contaré una cosa increíble, pero bien cierta: ignora que está ciega, y, a menudo, ruega a su guía que cambien de estancia porque encuentra la casa oscura. Esto que nos hace reír en ella, es menester que te conste claramente, es lo que sucede a todos nosotros: nadie se da cuenta de que es avaro, nadie de que es concupiscente.
Y, con todo, los ciegos piden un guía y nosotros vamos errantes sin ninguno mientras andamos diciendo: «Yo no soy ambicioso, pero en Roma no se puede vivir de otra manera; yo no soy malbaratador, pero la vida de la ciudad exige grandes dispendios. No es culpa mía si soy iracundo, si aún no me he señalado una norma de vida: es cosa de la juventud». ¿Por qué nos engañamos? Nuestro mal no es externo, está dentro de nosotros, reside en nuestras mismas entrañas; por eso sanamos difícilmente, andamos ignorantes de nuestra dolencia.
Séneca. Cartas a Lucilio