“No hay nada más inevitable que una idea a la que le ha llegado su hora”. Solo es cuestión de saber esperar: no se trata de “esperanza” sino de “espera”.
Pedro Jiménez Sánchez. El poder de la aceptación
Frases y fragmentos de libros que te harán pensar
“No hay nada más inevitable que una idea a la que le ha llegado su hora”. Solo es cuestión de saber esperar: no se trata de “esperanza” sino de “espera”.
Pedro Jiménez Sánchez. El poder de la aceptación
Las parejas de contrarios (ser y no ser, la vida y la muerte, la belleza y la fealdad, el bien y el mal y todas las otras polaridades que atan las facultades a la esperanza y al temor y ligan los órganos de la acción a los actos de defensa y de adquisición) son las rocas que chocan (Simplégades) y destruyen al viajero, pero entre las cuales los héroes siempre pasan.
Joseph Campbell. El héroe de las mil caras
Una de las encuestas surrealistas más célebres comenzaba con esta pregunta: «¿Qué esperanza pone usted en el amor?». Yo respondí: «Si amo, toda la esperanza; si no amo, ninguna». Amar nos parecía indispensable para la vida, para toda acción, para todo pensamiento, para toda búsqueda. Hoy, si he de dar crédito a lo que me dicen, ocurre con el amor como con la fe en Dios. Tiene tendencia a desaparecer, al menos en ciertos medios. Se le suele considerar como un fenómeno histórico, como una ilusión cultural. Se lo estudia, se lo analiza… y, si es posible, se lo cura. Yo protesto. No hemos sido víctimas de una ilusión. Aunque a algunos les resulte difícil de creer, hemos amado verdaderamente.
Luis Buñuel. Mi último suspiro
Desde el nacimiento hasta la muerte, de lunes a lunes, de la mañana a la noche: todas las actividades están rutinizadas y prefabricadas. ¿Cómo puede un hombre preso en esa red de actividades rutinarias recordar que es un hombre, un individuo único, al que solo le ha sido otorgada una única oportunidad de vivir, con esperanzas y desilusiones, con dolor y temor, con el anhelo de amar y el miedo a la nada y a la separatidad?
Erich Fromm. El arte de amar
Todo debería estar al alcance de la esperanza. La vida es una esperanza.
Oscar Wilde. Una mujer sin importancia
En una sociedad de compradores y una vida de compras, somos felices mientras no perdamos la esperanza de llegar a ser felices; estamos asegurados contra la infelicidad siempre que podamos mantener esta esperanza. Así, la llave de la felicidad y el antídoto contra la amargura consiste en mantener viva la esperanza de llegar a ser felices. Sin embargo, solo puede mantenerse viva si se cumple la condición de una rápida sucesión de «nuevas oportunidades» y «nuevos comienzos», y con la perspectiva de una cadena infinita de nuevos comienzos.
Zygmunt Bauman. Modernidad líquida
Todos los seres humanos… cobraron esperanzas… sin remedio. Porque, en efecto, si a ellos les llegan imágenes claras, pero no pueden descubrir cómo estas se originan, se ven abrumados por las dudas, y entonces les surge la creencia [en la existencia de un dios creador].
Epicuro. El sabio camino hacia la felicidad: Diógenes de Enoanda y el gran mural epicúreo de Carlos García Gual.
Aunque los hombres comenzaron a reunirse por instigación de la naturaleza, sin embargo buscaban la protección de las ciudades por la esperanza de conservar sus bienes.
Cicerón. Los deberes
—Ya es hora de que el hombre se señale a sí mismo una meta. Hora es ya de que el hombre siembre la semilla de su más alta esperanza. Todavía su suelo es bastante fértil. Pero llegará el día en que este suelo se convertirá en pobre y estéril y ningún árbol frondoso podrá crecer en él. ¡Infeliz de él! Se acerca el tiempo en que el hombre no arrojará por encima de los hombros la flecha de su deseo, en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar. Yo os digo: es preciso llevar dentro de uno mismo un caos para poder poner en el mundo una estrella. Yo os digo: lleváis en vosotros un caos. ¡Infeliz de él!
Friedrich Nietzsche. Así habló Zaratrusta
Pero los hombres que viven en una comodidad igualmente alejada de la opulencia y de la miseria, otorgan a sus bienes un valor inmenso. Como todavía son muy próximos a la pobreza, ven de cerca sus rigores, y los temen; entre la pobreza y ellos, no hay nada más que un pequeño patrimonio en el que enseguida fijan sus miedos y sus esperanzas.
A cada instante se interesan más a causa de las preocupaciones constantes que les da, y se atan por los esfuerzos diarios que hacen para aumentarlo. La idea de ceder una mínima parte les es insoportable, y consideran su pérdida completa como la última de sus desgracias. Ahora, es el número de estos pequeños propietarios ardientes e inquietos lo que la igualdad de condiciones hace crecer constantemente. Así, en las sociedades democráticas, la mayoría de ciudadanos no ve claramente lo que podría ganar en una revolución, y siente a cada instante, y de mil maneras, lo que podría perder.
Alexis de Tocqueville. La democracia en América