Dado que tienen una religión, actúan como si ya no necesitaran la moralidad.
Amin Maalouf. Identidades asesinas
Frases y fragmentos de libros que te harán pensar
Dado que tienen una religión, actúan como si ya no necesitaran la moralidad.
Amin Maalouf. Identidades asesinas
El siglo XX nos habrá enseñado que ninguna doctrina es por sí misma necesariamente liberadora: todas pueden caer en desviaciones, todas pueden pervertirse, todas tienen las manos manchadas de sangre: el comunismo, el liberalismo, el nacionalismo, todas las grandes religiones, y hasta el laicismo. Nadie tiene el monopolio del fanatismo, y, a la inversa, nadie tiene tampoco el monopolio de lo humano.
Amin Maalouf. Identidades asesinas
Es un hecho evidente que los seres humanos actúan y se comportan no tanto de acuerdo con sus ideas sino sobre todo según sus necesidades e intereses materiales. De hecho las ideas suelen ser con frecuencia objeto de traición inmediata ante las necesidades y voliciones materiales más urgentes. Las menos urgentes permiten traiciones más sofisticadas.
Sin embargo, el individuo se niega con frecuencia a reconocer sus vínculos materialistas, pese a que sin ellos no podría vivir en absoluto. La masa se niega incluso a reflexionar sobre tales vínculos. En ella siempre prospera alguna forma de creencia. La masa no quiere ni la libertad ni la razón, sino sus respectivas experiencias ficticias: la utopía y la religión. Cimientos de Babel, arquitectura de la Posmodernidad. Vayan ambas con el diablo.
Jesús G. Maestro. Contra la Musas de la Ira
El pensamiento más inspirado es impotente ante la muerte, una impotencia que ha generado nuestros escenarios metafísicos y religiosos. El pensamiento vela tanto como revela, probablemente mucho más.
George Steiner. Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento
Los seres humanos no podrían resistir sin lo que Ibsen llamó «las mentiras de la vida». Un pensamiento limitado a proposiciones lógicas, óptimamente expresado de forma no verbal, o a realidades demostrables, sería locura. La creatividad humana, la vivificadora capacidad de negar los dictados de lo orgánico, de decir «no» incluso a la muerte, depende íntegramente de pensar y de imaginar contrafactualmente.
Inventamos modos alternativos de ser, otros mundos, utópicos o infernales. Reinventamos el pasado y «soñamos hacia delante». Pero estos experimentos-pensamientos, por indispensables y magníficamente dinámicos que sean, no dejan de ser ficciones. Alimentan religiones e ideologías, la libido está rebosante de ellos (los «lunáticos, amantes y poetas» de Shakespeare). El lenguaje trata constantemente de imponer un dominio sobre el pensamiento.
George Steiner. Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento
La visión cristiana del pecado original capta la realidad antropológica mucho mejor que la del buen salvaje, y es probable que, sustituyendo el pecado original por aquello que he descrito como «dependencia», esto es, secularizándolo, podría obtenerse una excelente descripción de la sociedad tal y como es, lo cual no quiere decir que la sociedad deba permanecer igual a sí misma.
Maurizio Ferraris. Movilización total
La idea del Paraíso no es separable de que la vida práctica pueda parecer un infierno, y creer en ella demuestra ser una demanda lo bastante elástica como para que la Caída pueda atribuirse unas veces a ley divina y otras a ley humana.
Antonio Escohotado. Los enemigos del comercio
El convencionalismo no es la moralidad. La santurronería no es la religión. Atacar aquella no es defender esta. Quitarle al fariseo su careta no significa alzar la mano contra la Corona de Espinas.
Charlotte Brontë. Jane Eyre
Sería, desde luego, muy hermoso que existiera un Padre omnipotente y una Providencia que cuidara de cada uno de nosotros, pero que no deja de ser curioso que esta construcción corresponda tan exactamente a lo que podemos desear cuando somos niños. Que la raíz del deseo religioso es la nostalgia del padre y el fantasma infantil de ser el centro del mundo.
Emmanuel Carrère. El Reino
A fuerza de darle vueltas a este libro, comprendí que era muy difícil hacer hablar a la gente de su fe y que la pregunta «¿En qué cree usted, exactamente?» es una mala pregunta. Por otra parte, necesité un tiempo increíble para comprenderlo, pero de todos modos acabé admitiendo que era descabellado buscar cristianos para interrogarlos como a personas que han sido tomadas como rehenes, han sido alcanzadas por un rayo o son los únicos supervivientes de una catástrofe aérea. Porque a un cristiano lo he tenido al alcance de la mano durante varios años, tan cerca como es posible estarlo, puesto que era yo mismo.
Emmanuel Carrère. El Reino