No solo han desaparecido de nuestros paisajes interiores el sillón, el periódico y la lejanía, que hemos juzgado indignos, sino también la protección paterna, la presencia de un planeta distraído, ambiguo, alto, misterioso y diferente a nosotros. Se ha vuelto imposible soñar con un padre. Desierto de sueños de padres, el universo se presenta huérfano y desorientado.
Natalia Ginzburg. Las tareas de la casa y otros ensayos