Sois ricos. Conocéis el Bien, conocéis el Mal. No renunciéis nunca a separarlos; no os dejéis liar por la tolerancia, ese pobre estigma de la edad.
Michel Houellebecq. Poesía
Frases y fragmentos de libros que te harán pensar
Sois ricos. Conocéis el Bien, conocéis el Mal. No renunciéis nunca a separarlos; no os dejéis liar por la tolerancia, ese pobre estigma de la edad.
Michel Houellebecq. Poesía
Durante los pasados diez años, los tratamientos con bótox y la cirugía plástica llegaron a ser considerados como una mejora saludable de la autoestima, antes bien que lo que realmente son: la evidencia de que tememos y detestamos nuestra falta de conciencia del tiempo. Nuestra aversión natural a la muerte es amplificada por una cultura que considera que el tiempo es un enemigo y hace todo lo posible para negar su paso. Como dijo Woody Allen: “Los estadounidenses creen que la muerte es opcional.
Marcia Bjornerud. Conciencia del tiempo.
Saber qué nos gusta es el comienzo de la sabiduría y la vejez.
Robert Louis Stevenson
La puñetera verdad es que comprendes lo que significa tener la vida por delante cuando esta ya se ha situado toda ella por detrás. Tan sencillo como la sed. Y entonces el hombre se multiplica, se convierte en una marea de remordimientos. Pero esto no desplaza las vidas, tan solo las devalúa un poco más. Las acompaña con un leve, un elegante empujón, propio de una mano de mayordomo, hacia el cementerio repleto de cadáveres expertos.
Paolo Sorrentino. Todos tienen razón
– Si empiezas a darle un sentido a las cosas, significa que estás envejeciendo, Anto. – Yo siempre he sido vieja, Tony.
Paolo Sorrentino. Todos tienen razón
Siempre que el sol cae y se hace de noche, espero una respuesta por parte de mí mismo o de alguien. Todos los días. Sistemáticamente, no llega. Porque la comedia de las preguntas resulta infinita. Y raquítica la de las respuestas. Siempre es esta desproporción inexorable la que determina el envejecimiento de todas las células. Es algo sabido.
Paolo Sorrentino. Todos tienen razón
La desocupación de muchos millones de personas debido a la crisis en la estructura económica, ha aumentado su sentimiento de inseguridad. Aun cuando la ayuda al desocupado por medio de recursos públicos haya hecho mucho para compensar las consecuencias del paro forzoso, tanto desde el punto de vista económico como del psicológico, siempre queda en pie el hecho de que para la gran mayoría del pueblo el quedar desocupado constituye una carga muy difícil de soportar psicológicamente, y el terror a la desocupación no deja de ensombrecer toda su vida. Tener un empleo —cualquiera que sea— parece resumir para mucha gente todo cuanto puede pedirse a la vida y constituir algo por lo que debe experimentarse gratitud. La desocupación ha aumentado también el miedo a la vejez.
Erich Fromm. El miedo a la libertad
Cada cual inicia su propio proceso de degradación envejeciendo. No hay una segunda oportunidad. Lo que se pierde, se pierde para siempre. La vida no se repite.
Bernard Maris. Houellebecq economista
Sin embargo, nos damos cuenta de que antes de convertirnos en piedras nos convertiremos en algo distinto, porque también esto es ahora para nosotros un motivo de asombro: la extrema lentitud con la que envejecemos. Conservamos durante mucho tiempo aún la costumbre de creernos «los jóvenes» de nuestro tiempo, de modo que cuando oímos hablar de «jóvenes» volvemos la cabeza como si se hablara de nosotros, costumbre que tiene raíces tan profundas que quizá no la perderemos hasta habernos convertido del todo en piedras, es decir en la vigilia de la muerte.
Natalia Ginzburg. Las tareas de la casa y otros ensayos