El movimiento obrero pudo dar la ilusión de poder cuando se trató de contribuir a liquidar los vestigios del feudalismo, a establecer la dominación capitalista sea bajo la forma de capitalismo privado, sea como capitalismo de Estado, como en el caso de Rusia; ahora que su papel ha concluido en ese terreno y que la crisis plantea el problema de la toma efectiva del poder por las masas trabajadoras, se desmorona y se disuelve con una rapidez que rompe el corazón de los que habían puesto en él su fe.
Sobre estas ruinas se desarrollan interminables controversias que solo pueden apaciguarse con las fórmulas más ambiguas, pues entre todos los hombres que aún se obstinan en hablar de revolución no hay dos que atribuyan a ese término el mismo contenido. Y no tiene nada de asombroso. La palabra “revolución” es una palabra por la cual se mata, se muere, se envían las masas populares a la muerte, pero que no tiene ningún contenido.
Simone Weil. Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social