La publicidad no es más que una técnica destinada a hacer comprar a los que no tienen medios aquello que no necesitan.
Bernard Maris. Houellebecq economista
Frases y fragmentos de libros que te harán pensar
La publicidad no es más que una técnica destinada a hacer comprar a los que no tienen medios aquello que no necesitan.
Bernard Maris. Houellebecq economista
Si el dispositivo de alianza está fuertemente articulado con la economía a causa del papel que puede desempeñar en la transmisión o circulación de riquezas, el dispositivo de sexualidad está vinculado a la economía a través de mediaciones numerosas y sutiles, pero la principal es el cuerpo —cuerpo que produce y que consume—. En una palabra, el dispositivo de alianza sin duda está orientado a una homeostasis del cuerpo social, que es su función mantener; de ahí su vínculo privilegiado con el derecho; de ahí también que, para él, el tiempo fuerte sea el de la “reproducción”. El dispositivo de sexualidad no tiene como razón de ser el hecho de reproducir, sino el de proliferar, innovar, anexar, inventar, penetrar los cuerpos de manera cada vez más detallada y controlar las poblaciones de manera cada vez más global.
Michel Foucault. Historia de la sexualidad
Un anuncio que finge ser arte es —en el mejor de los casos— como alguien que te sonríe con calidez solamente porque quiere conseguir algo de ti. Esto es deshonesto, pero lo más siniestro es el efecto acumulativo que semejante falta de honestidad tiene sobre nosotros: dado que ofrece un perfecto facsímil o simulacro de buena voluntad sin el espíritu real de la buena voluntad, confunde nuestras mentes y al final hace que subamos nuestras defensas incluso en casos de sonrisas genuinas y arte verdadero y buena voluntad verdadera. Hace que nos sintamos confundidos, solos, impotentes, furiosos y asustados. Provoca desesperación.
David Foster Wallace. Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer
No creo que el efecto necesario del estado social democrático y de las instituciones democráticas sea disminuir el número de los hombres que cultivan las bellas artes; pero estas causas influyen poderosamente sobre la manera en que son cultivadas. Como la mayor parte de los que ya habían cogido el gusto por las bellas artes se convierten en pobres, y, por otra parte, muchos de los que no son aún ricos empiezan a concebir, por imitación, el gusto por las bellas artes, la cantidad de consumidores en general crece, y los consumidores muy ricos y muy refinados pasan a ser algo más raro. Entonces ocurre en las bellas artes algo análogo a lo que ya había mostrado cuando he hablado de las artes útiles. Multiplican sus obras y disminuyen el mérito de cada una …
Los pintores del Renacimiento buscaban de ordinario grandes temas por encima de ellos o lejos de su tiempo que dejaran a su imaginación una amplia extensión. Nuestros pintores dedican a menudo su talento a reproducir los detalles de la vida privada que tienen siempre delante, y copian de todos lados pequeños objetos de los que hay una buena cantidad de originales en la naturaleza.
Alexis de Tocqueville. La democracia en América
Por otra parte, siempre hay en las democracias un gran número de hombres con una fortuna que crece, pero con deseos que crecen mucho más deprisa que la fortuna, y que se comen con los ojos los bienes que ésta les promete mucho antes de que los dé. Estos buscan por todos lados abrirse caminos más cortos hacia estos goces próximos.
De la combinación de estas dos causas resulta que siempre hay en las democracias una multitud de ciudadanos con necesidades por encima de los recursos y que de buen grado accederían a satisfacer de manera incompleta antes que renunciar absolutamente al objeto codiciado. El trabajador entiende fácilmente estas pasiones, porque él mismo las comparte. En las aristocracias, intentaba vender sus productos muy caros a unos cuantos; ahora entiende que habría un medio más expeditivo de enriquecerse: venderlos baratos a todo el mundo…
Cuando solo los ricos tenían relojes, casi todos eran excelentes. Ahora apenas se hacen que no sean mediocres, pero todo el mundo tiene. Así, la democracia no solo tiende a dirigir el espíritu humano hacia las artes útiles; lleva los artesanos a hacer muy rápidamente muchas cosas imperfectas, y al consumidor a contentarse con estas cosas.
Alexis de Tocqueville. La democracia en América
Algunas veces vemos hombres tan afectados por un objeto, que, aunque no esté presente, ellos creen hallarse frente a él; y si esto acontece a un hombre que no se encuentra durmiendo decimos que delira o que está loco. No se considera menos locos a quienes se sienten inflamados de amor y no sueñan con otra cosa, día y noche, que con una mujer o con una prostituta, porque nos mueven a risa. Pero al avaro, aunque no piensa más que en la ganancia o en el dinero, y al ambicioso que no piensa más que en la fama, no se les considera locos porque resultan nocivos y dignos de ser odiados. En verdad, empero, la avaricia, la ambición, la lujuría, etc., constituyen una clase de locura aunque no se las cuente entre las enfermedades.
Baruch Spinoza. Ética
Ni siquiera en un solo momento pierde el actor de cine su conciencia del fenómeno. En tanto se halle ante la cámara sabrá que en definitiva será con el espectador que tendrá que vérselas, o sea, con el consumidor que conforma el mercado, un mercado al que se dirige no solamente con su fuerza laboral, sino asimismo con su propia piel, sus vísceras… Mercado que –cuando establece que actuará para él– le resulta en tan escasa medida aprehensible como resulta serlo para todo producto que proviene de una factoría. Acaso, ¿no tendrá ello que ver con la angustia que, de acuerdo con Pirandello, atormenta al actor frente a la máquina? Al agotamiento del aura el cine le contesta con una artificiosa elaboración de la personalidad más allá de los límites de los estudios cinematográficos. Se trata del “culto a las estrellas de cine”, impulsado por el capital de esta actividad, el que preserva esa magia propia de la personalidad, mas disminuida desde hace mucho, degrada hasta la escala de la dañada magia de su índole como mercancía.
Walter Benjamin
Karl Ludwig Börne observaba a través de los ojos de Baudelaire cuando escribía: “Si se hiciera ahorro de la suma de las energías y pasiones (…) que cada año se dilapidan en las mesas de juego europeas (…) alcanzaría ello para construir un pueblo como el romano y una historia asimismo romana. ¡Es así!, aunque todos los hombres cuando nacen son romanos, la sociedad burguesa atiende a quitarle su romanidad. En función de ese cometido son ingresados los juegos de azar y los de salón, las novelas, las óperas italianas y los periódicos elegantes”
Walter Benjamin
Hay una serie de temporalidades asociadas al endeudamiento: para ser capaz de reembolsar la deuda (recordar la promesa realizada) uno ha de ser capaz de tener un comportamiento predecible, regular y calculador. Esto no sólo va en contra de cualquier revuelta futura, con su inevitable anulación de su capacidad de pagar; también implica la eliminación del recuerdo de rebeliones y actos de resistencia colectiva anteriores que trastocaron el normal flujo del tiempo y llevaron a comportamientos impredecibles.
Este sujeto endeudado se ve constantemente expuesto a la inspección evaluadora de los demás: estimaciones individualizadas y cumplimiento de objetivos en el trabajo, clasificaciones crediticias, entrevistas individuales para aquellos que reciben beneficios de créditos públicos. El sujeto se ve así obligado no sólo a demostrar que será capaz de pagar su deuda (y reembolsarla a la sociedad a través de un comportamiento correcto), sino también a demostrar las actitudes correctas y asumir la culpa individual por cualquier fracaso.
Ahí es donde la asimetría entre el acreedor y el deudor se vuelve palpable: el «empresario del yo» endeudado es más activo que el sujeto de los modos de gobierno anteriores y más disciplinarios; no obstante, privado como está de su capacidad de gobernar su tiempo, o de evaluar su comportamiento, su capacidad para la acción autónoma se ve seriamente restringida.
Slavoj Žižek. Problemas en el paraíso
A medida que, con la mengua de sus salarios y la eliminación de su protección social, los individuos se vuelven más pobres, el neoliberalismo les ofrece compensación mediante la deuda y el reparto de acciones. De este modo, los sueldos o los salarios diferidos (las pensiones) no aumentan, pero la gente tiene acceso a créditos para el consumo y se la anima a preparar su jubilación mediante una cartera personal de acciones; la gente ya no tiene derecho a la vivienda, sino acceso a un crédito hipotecario; ya no se tiene derecho a una educación superior, pero se pueden pedir préstamos estudiantiles; la protección mutua y colectiva contra los riesgos es desmantelada, pero se anima a la gente a acogerse a los seguros privados. Así, sin sustituir todas las relaciones sociales existentes, el nexo acreedor-deuda acaba asfixiándolos: los trabajadores se convierten en trabajadores endeudados (tienen que pagar a los accionistas de la empresa por darles trabajo); los consumidores se convierten en consumidores endeudados; los ciudadanos se convierten en ciudadanos endeudados, y tienen que responsabilizarse por la parte que les corresponde de la deuda de su país.
Slavoj Žižek. Problemas en el paraíso