Comprender las causas que originaron la morfología de un paisaje en particular es similar al cosquilleo que se experimenta por conocer la etimología de una palabra ordinaria: se abre una ventana que ilumina un pasado, lejano pero reconocible—es casi como recordar algo que se había olvidado hace mucho tiempo—.
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Analfabetos del tiempo
En nuestra calidad de especie, hemos mostrado un desinterés infantil y una incredulidad parcial en lo concerniente al tiempo anterior a nuestra aparición en la Tierra. Sin deseos por conocer las historias que carecen de protagonistas humanos, muchas personas simplemente no quieren ser molestadas con la historia natural; en consecuencia, somos intemperantes e intemporales: analfabetos en lo que al tiempo respecta.
Marcia Bjornerud. Conciencia del tiempo.
Una vulnerabilidad
El hombre “medio” es semejante a “casi todos los hombres de las sociedades arcaicas o atrasadas” en que presenta como ellos una vulnerabilidad y una permeabilidad al entorno inmediato.
Marc Augé. Los no lugares
La ilusión monumental
Sin ilusión monumental, a los ojos de los vivos la historia no sería sino una abstracción. La especie social está poblada de monumentos no directamente funcionales, imponentes construcciones de piedra o modestos altares de barro, ante los que cada individuo puede tener la sensación justificada de que en su mayor parte lo han preexistido y le sobrevivirán.
Marc Augé. Los no lugares
Los grandes acontecimientos
Los grandes acontecimientos de la Historia son debidos frecuentemente a cambios seculares en el crecimiento de la población y a otras causas económicas fundamentales, que, escapando, por su carácter gradual, al conocimiento de los observadores contemporáneos, se atribuyen a las locuras de los hombres de Estado o al fanatismo de los ateos.
John Maynard Keynes. Las consecuencias económicas de la paz
Roma era grande
Así es, de hecho, cómo las ciudades se hicieron grandes. Regresen a las raíces más oscuras de la civilización y las encontrarán anudadas alrededor de alguna piedra sagrada o rodeando algún lugar sagrado. La gente primero rindió honor a un lugar y luego ganó gloria por él. Los hombres no amaron a Roma porque fuera grande. Era grande porque la habían amado.
G.K. Chesterton. Ortodoxia
La voz de nuestros antepasados
Tradición significa dar voz y voto a la más oscura de todas las clases sociales, la de nuestros antepasados. Es la democracia de los muertos.
G.K. Chesterton. La ética en el país de los duendes
Los peores depredadores
La mayoría de los depredadores culminales del planeta son animales majestuosos. Millones de años de dominio los han henchido de confianza en sí mismos. Sapiens, en cambio, es más como el dictador de una república bananera. Al haber sido hasta hace muy poco uno de los desvalidos de la sabana, estamos llenos de miedos y ansiedades acerca de nuestra posición, lo que nos hace doblemente crueles y peligrosos. Muchas calamidades históricas, desde guerras mortíferas hasta catástrofes ecológicas, han sido consecuencia de este salto demasiado apresurado.
Yuval Noah Harari. Sapiens. De animales a dioses
Los patrones espirituales
La historia muestra que tales comunidades han adquirido en su desarrollo unos patrones no sólo exteriores, sino también espirituales de orientación y comportamiento. Y en los patrones espirituales que hemos podido reconocer, lo que ha desempeñado casi siempre el papel decisivo ha sido su relación con una conexión significativa de la totalidad, más allá de lo que puede verse o experimentarse de forma inmediata. Solamente dentro de esos patrones espirituales, del ethos que prevalece en su comunidad, puede el hombre adquirir los puntos de vista que le permiten configurar su propia conducta allí donde se requiere algo más que una mera reacción frente a una concreta situación externa; es ahí donde se decide en primer término la cuestión de los valores. Pero no sólo la ética, como sea: toda la vida cultural de la comunidad viene también gobernada por esos patrones espirituales. Sólo dentro de su esfera se hace visible por primera vez la íntima conexión entre lo bueno, lo bello y lo verdadero, y sólo aquí resulta posible hablar por primera vez de la vida del individuo como de algo dotado de sentido.
Ken Wilber. Cuestiones cuánticas (fragmento de Werner Heisenberg)
El puño de acero del dominio estatal
En comparación con las uniones familiares, el Estado representa, sin lugar a dudas, una especie mucho más elevada, puesto que acoge a un mayor número de hombres que, en estrecha colaboración, tienen más capacidad a la hora de conquistar espacios naturales y de vencer a posibles enemigos. Convierte las casi ociosas ocupaciones de los hombres en estricto trabajo metódico y, por ende, acarrea una miseria indecible a innumerables generaciones venideras. A partir de este momento, todas ellas han de ganarse el pan con el sudor de su frente, ya que a los tiempos dorados de comunidades libres formadas por individuos que compartían la misma sangre siguió el puño de acero del dominio estatal. No obstante, el Estado, una vez concibe el trabajo en su más verdadero sentido, libera una fuerza que puede traer consigo una mayor prosperidad y felicidad para todos. Según las palabras de Schiller, el Estado destruye la débilmente instruida felicidad de los hombres cuando son pequeños con el objetivo de atraerlos por un camino de sufrimiento hacia la felicidad consciente de la madurez.
Franz Oppenheimer. El Estado: Su historia y evolución desde el punto de vista sociológico