Hoy, aunque tengo casi setenta años, sigo luchando en el mundo de los negocios, porque sé que la forma más rápida de acabar con mi vida es no hacer nada. Toda persona tiene derecho a elegir la jubilación como principio o como fin. Ese tipo de actitud ociosa ante la vida puede envenenar a la gente. Siempre pienso en la jubilación como empezar de nuevo, y nunca he dejado de luchar por un día, porque conozco el verdadero sentido de la vida.
John D. Rockefeller. Las 38 cartas de J.D. Rockefeller a su hijo: perspectivas, ideología y sabiduría
Yo creía que la vida era una carrera en la que hacía falta llegar antes que los demás, no importa a dónde, pero antes. ¿Por qué hemos convertido la vida en un conflicto? Nos hemos tragado la competitividad y la llevamos clavada dentro.
La habitación no es un objeto, una «máquina de residir»: es el universo que el hombre se construye imitando la Creación ejemplar de los dioses, la cosmogonía . Toda construcción y toda inauguración de una nueva morada equivale en cierto modo a un nuevo comienzo , a una nueva vida.
De una única fuerza se origina la vida. Una fuerza que la hizo evolucionar desde una sola célula, una partícula de albúmina vagando por el cálido océano de los tiempos prehistóricos, hasta formar a los vertebrados, dando origen al hombre. Según Lippert, esa única fuerza representa la tendencia que da origen a la vida, quedando esta última bifurcada en «hambre y amor»
Franz Oppenheimer. El Estado: Su historia y evolución desde el punto de vista sociológico
A cuánta gente he visto despreciar la vida por miedo a la muerte. Como si no fuera un don irrepetible, sino un riesgo que debe ponerse a prueba con los gestos más extremados, desde la pérdida de los sentidos —modernos lotófagos de Homero en busca de una anestesia en el alcohol, las drogas y todo tipo de excesos al precio de nuestras vergüenzas más íntimas— hasta la guerra contra enemigos imaginarios que no son nada más que nuestros miedos más íntimos.
Andrea Marcolongo. Etimologías para sobrevivir al caos
Si imposible es hacer tu vida como quieres, por lo menos esfuérzate cuanto puedas en esto: no la envilezcas nunca en contacto excesivo con el mundo, con una excesiva frivolidad. No la envilezcas en el tráfago inútil o en el necio vacío de la estupidez cotidiana, y al cabo te resulte un huésped inoportuno.
El error que cometemos es que, una vez que nos hemos construido una identidad, creemos que no podemos ser ninguna otra cosa, que dicha identidad no se puede cambiar. Lo que está fuera de esa identidad, el no saber ni siquiera quién soy o quién no soy, se vive con una enorme angustia que es equiparable a la sensación de muerte. Por eso, nos aferramos no a la vida, sino a nuestra identidad, a nuestro autoconcepto, a nuestra autoimagen.